¿Vives en modo “piloto automático”?

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¿Vives en modo “piloto automático”?

Cuánto hace que te paraste a preguntarte a ti mismo: ¿qué necesito en este momento? ¿Cuánto hace que te tomaste un rato para simplemente respirar y sentirte? ¿Cuántas veces a la semana te dedicas a hacer lo que te pide el cuerpo?

En una vida llena de trabajo y obligaciones es muy fácil perderse a uno mismo. Nos pasamos el día corriendo de un lado a otro y no tenemos ni tiempo para pensar. Vamos con el “piloto automático” puesto porque nos ahorra tiempo y energía y cuando alguien nos hace una propuesta o petición, respondemos a ella rápido, sin darnos espacio ni para sentirnos ni oírnos. No tenemos ni tiempo para pensar y el comportamiento automático nos asegura la supervivencia.

Pero ese mismo “piloto automático” es también una gran trampa que nos lleva a desconectarnos de nosotros mismos. Respondemos ante las demandas de los demás de manera inconsciente, sin reflexión previa, vivimos en un modo “reactivo” a lo que el entorno pide o espera de nosotros, ignorando o reprimiendo nuestras necesidades o incluso llegando a convertir las necesidades del entorno en nuestras propias. Hemos delegado el mando de nuestras vidas en un motor interno que responde de forma automática y sistemática, sin tener en cuenta las circunstancias, los sentimientos, la energía, los impulsos…

Cuando quitamos cuerpo y emoción de la ecuación de nuestras decisiones del día a día nos estamos desconectando de nuestra propia vida. Y así es como paso a paso, nuestro rumbo se va alejando de lo que es importante para nosotros y las cosas empiezan a perder sentido. Por tanto, si queremos llevar una vida más plena necesitamos hacer un esfuerzo consciente para desconectar nuestros muchos “pilotos automáticos” y empezar a preguntarnos en cada momento, en cada situación, qué es lo que necesitamos.

Este es uno de los primeros temas que suelo trabajar con mis clientes en terapia. Hay veces que reprimimos nuestras necesidades y  otras que ni si quiera sabemos cuáles son. En la terapia trabajamos para ampliar la conciencia y darnos cuenta de lo que nos pasa y de lo que necesitamos. Sólo así podremos  empezar a atendernos a nosotros mismos y vivir con mayor coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos.

El cuerpo habla

A muchos nos pasa que sólo nos acordamos de que tenemos cuerpo cuando algo nos duele o sentimos un cierto malestar e incluso entonces, en lugar de prestarle atención, hacemos todo lo posible por que desaparezca, sin plantearnos cuál puede ser el origen del malestar.

¿Has sentido alguna vez como tu cuerpo te empuja a actuar en un sentido mientras que tu cabeza va en el contrario? ¿Que tu razón te dice que debes hacer una cosa aunque tu cuerpo te está diciendo “a gritos” que ESO NO? 

Si te escuchas verás cómo el actuar en contra de tu impulso te produce una sensación desagradable en el cuerpo, de que algo no está bien. Y si se trata de algo repetitivo, ese malestar se puede transformar en dolor: dolor de cabeza, de espalda, de rodillas… todas estas dolencias puede ser la forma que tiene tu cuerpo de decirte A GRITOS que estás haciendo algo que va en contra de lo que tú necesitas.

Antes de llegar a ese extremo, si al cuerpo le das espacio y escucha, si haces el esfuerzo de “sintonizarlo” como si de una emisora de radio se tratase, descubrirás que el cuerpo te puede hablar también de una forma muy suave pero clara de lo que sí quieres y necesitas. Ese picor en la garganta, ¿con qué tiene que ver? O ese mariposeo en el estómago, ¿con qué te conectando? Ponle atención, escúchalo, tira del hilo y verás qué rápido se desvela tu necesidad.

El cuerpo nos habla en un idioma muy claro y directo, mucho más transparente que nuestras emociones o nuestra mente. Por eso, el cuerpo es tu gran aliado en la tarea de reconectar contigo mismo. Empezar a escucharlo y a atender las necesidades de las que te habla es el primer paso para desconectar tu “piloto automático”.

Ejercicio para desconectar el “piloto automático”

A continuación te propongo un ejercicio que te ayudará a conectar más contigo misma y a empezar a relacionarte con los demás de una forma más respetuosa con tus propias necesidades.

  1. Cuando alguien te propone hacer algo, no respondas inmediatamente. Dile que lo pensarás y le darás una respuesta un poquito más tarde. A veces nuestros procesos son mucho más lentos de lo que está “socialmente” aceptado. Lo importante es que te empieces a escuchar y ver cuáles son tus tiempos. ¿Tal vez necesites consultarlo con la almohada?
  2. Cierra los ojos y párate un minuto a pensar en la propuesta, “respírala”. Piensa en la propuesta que te han hecho y piensa en qué alternativas tienes. Si por ejemplo te han propuesto salir a comer a un restaurante el sábado, algunas posibles alternativas serían: a) Ir; b) No ir; c) Proponer otro plan, por ejemplo, quedar para tomar un café.
  3. Imagínate las diferentes alternativas ante ti y presta atención a cuál es el impulso de tu cuerpo. ¿Sientes el impulso de salir corriendo ilusionada hacia alguna de las alternativas? ¿Sientes alguna sensación diferente en el cuerpo cuando piensas cada una de las diferentes opciones? O sientes, “bueno, total, no me parece mal plan” o “no me importa”.
  4. Acepta tu auténtica necesidad. Si lo que realmente te apetece es hacer otra cosa, di que no, tienes derecho a hacerlo. Además, como sólo tú puedes saber lo que realmente deseas, nadie más que tú puede garantizar que ese deseo se respete por tu parte. Los demás no lo pueden hacer por ti, ni tu por ellos.
  5. Toma una decisión consciente. Si sientes que no te apetece pero que es muy importante para la otra persona hacerlo, puedes decir que sí, pero anotando mentalmente para ti mismo que lo estás haciendo por la otra persona, no por ti misma. Sólo así podrás ir aprendiendo a respetar tus propias necesidades tanto como respetas las de los demás.
  6. Comunica desde ti. Hay personas a las que nos cuesta mucho decir que no pero he descubierto que si lo haces desde ti, explicándole al otro lo que sientes que necesitas y lo que es importante para ti, casi siempre contarás con su comprensión y apoyo.
  7. Date permiso para cambiar de opinión. Nuestras necesidades cambian constantemente. Tal vez en el momento que te proponen algo sí te apetece y luego llega el momento y no, te das cuenta de que necesitas descansar o estar sola. O al revés, tal vez en un primer momento no lo ves claro, y a medida que se acerca la propuesta, sí te apetece más. Escúchate y date permiso de cambiar de opinión. O al menos pregúntate: ¿Cuántas veces hago lo que realmente me apetece a mi y cuántas veces actúo por compromiso? Si la mayor parte del tiempo mantienes tus compromisos aunque tu necesidad sea otra, ¿tal vez sea el momento de probar a poner tu necesidad primero?

Si te gustaría iniciar un proceso para descubrir tus pilotos automáticos y reconectar con tus necesidades auténticas, puedes leer más acerca de cómo sería hacer terapia individual conmigo.

Foto de Santiago Garcia, usada con permiso del autor.

2018-11-14T11:55:23+00:00
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