¿Proyectas en los demás?

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¿Proyectas en los demás?

¿Has oído decir alguna vez que cuando señalas a alguien con el dedo, te estás  señalando a ti mismo con los otros cuatro dedos? ¿O eso de que “la mejor defensa es un buen ataque”? ¿O… “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”?

Esto es lo que la Gestalt define como el mecanismo de defensa de la proyección. Consiste en proyectar en el otro, aspectos de nuestra personalidad que están negados de alguna manera, bien porque lo rechazamos o porque no nos atrevemos a vérnoslo. La proyección puede ser positiva, atribuyendo al otro con una virtud que no nos atrevemos a ver en nosotros mismos, aunque más frecuente es la negativa, rechazar en el otro un aspecto que no queremos ver en nosotros mismos.

Se trata de un mecanismo de “defensa” en el sentido que nos permite desconectarnos de una realidad que nos hace daño. Si yo creo que ser directa y decir las cosas que me pasan aunque puedan resultar desagradables para el otro es un defecto, es probable que me molesten mucho las personas “bordes” o que no tienen “pelos en la lengua”. Si yo soy una persona seductora pero no me atrevo a reconocer eso en mi (¡feo, feo!), es posible que sienta rechazo a las personas que seducen con toda naturalidad y sin ningún complejo.

La manera de distinguir si se trata de una proyección es detectando si hay una reacción visceral ante una persona o un comportamiento determinado. Expresiones como “no soporto cuando haces esto” o “me irrita profundamente” o “es que es una persona muy …” pueden ser una buena pista de cuando estamos proyectando algo nuestro en el otro.

Un ejercicio que puede servir para detectar proyecciones es el siguiente:

1. Imagínate un grupo humano del que formes parte: tu lugar de trabajo, una asociación, un equipo o tu familia extensa. Por ejemplo: en mi lugar de trabajo.

2. Ahora pregúntate: ¿qué 3 personas te gustaría que dejaran de formar parte del grupo? ¿A quién elegirías? Responde sin pensar, desde el instinto. Apúntalas en una lista. Por ejemplo: Pepita, Menganita y Fulanita.

3. A cada una de estas personas, ¿por qué preferirías que desapareciesen? 
Por ejemplo: Pepita – por vaga, nunca hace lo que le toca, siempre se escaquea y acabamos haciendo el trabajo los demás.  Menganita – porque es una borde y maleducada. Siempre contesta mal. Fulanita – porque siempre va criticando a todo el mundo.

 4. Ahora, para cada uno de estos motivos, haz te la pregunta: ¿Y qué me pasa a mí con eso? ¿Qué hay de mí en eso? Por ejemplo: 

  • ¿Qué me pasa a mí con hacer el vago y escaquearme?
  • No me gusta, lo considero feo y no lo hago.
  • ¿Y qué hay de mí en hacer el vago y escaquearme?
  • Pues es algo que no me permito. Siempre trabajo duramente y aunque a veces me gustaría poder hacer el vago, no lo hago.

5. Ahora llega el momento de “reapropiarte” de tus proyecciones. Imagina que tienes a la persona delante y dile en primera persona.

  • Pepita, yo proyecto en ti mi deseo de hacer el vago. A mí me gustaría hacer el vago a veces, pero no puedo y por eso me molesta tanto que tu sí lo puedas hacer.
  • Menganita, yo proyecto en mi deseo de poder ser borde. A mí me gustaría poder decir las cosas tal como me salen pero me bloqueo y soy incapaz. Me gustaría tener esa capacidad que tienes tú.
  • Fulanita, yo proyecto en ti mi propia crítica. A mí me molesta mucho que me digan que soy crítica y que no acepto a los demás como son. No me gusta reconocer que yo critico, lo encuentro feo, horroroso. No me gusta esa parte de mi y la proyecto en ti.

En mi opinión, este es uno de los trabajos de autoconocimiento más difíciles de hacer, requiere una gran apertura de mente y espíritu y muchas veces el apoyo de un terapeuta que nos ayude a transitar por eso. Las cosas que proyectamos muchas veces son temas no reconocidos en nosotros mismos y como tales solemos ofrecer mucha resistencia a verlos. Una de las preguntas que surgen a menudo es: pero si esa persona “objetivamente” es así, ¿por qué tiene que tener algo que ver conmigo? ¿Todo son proyecciones? ¿Todo lo que me molesta de los demás son cosas mías?

La respuesta es que si te molesta, si genera en ti una reacción visceral, lo más probable es que sea porque te está tocando algo tuyo. Claro que puede haber algo del otro también pero el trabajo de autoconocimiento pasa por verse a uno mismo y responsabilizarse, así que dejaremos de lado lo que pueda haber del otro, para centrarnos ahora en nosotros mismos.

Se trata de ver los aspectos más “feos” de nosotros, una de nuestras “trampas” más habituales que sobretodo impiden relacionarnos de una forma sana con los otros. Darnos cuenta de cuáles son nuestras proyecciones más frecuentes y hacer un trabajo de asumirnos como algo nuestro y no del otro, puede ser un enorme paso para limpiar y sanar una relación, dándonos la oportunidad de acercarnos a esa persona desde un punto de partida completamente diferente. Yo te puedo ayudar en este trabajo. Si te gustaría conocerme y conocer cómo funcionaría un proceso terapéutico conmigo, puedes leer un poco más sobre el servicio de terapia individual o contactarme para una entrevista personal gratuita y sin compromiso.

Autor fotografía: rockindave1, utilizada bajo licencia Creative Commons.

2018-11-14T12:02:41+00:00
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