De qué pie cojeas: ¿del “sí” o del “no”?

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De qué pie cojeas: ¿del “sí” o del “no”?

Uno de mis maestros y supervisores, el extraordinario Marcelo Antoni, nos preguntó hace unos meses en una sesión de trabajo: ¿eres del “sí” o del “no”?

Es decir, ¿eres de las personas que van por la vida diciendo que “si” a todo, aunque sea a costa de tus propias necesidades? O por el contrario, ¿eres de los que va con el “no” por delante, como un escudo protector, limitándote así a ti mismo las oportunidades de desarrollo y disfrute?

Obviamente nada es de color blanco ni negro; nadie dice ni “sí” ni “no” a todo y probablemente la mayoría de las personas contestarán “depende”. Pero si te detienes un momento para observar cómo es tu comportamiento en algunas situaciones concretas, tal vez puedas empezar a ver un patrón de comportamiento “automático” que no siempre te favorece y que te desconecta de tu auténtica necesidad.

Uno de los pilares de la terapia Gestalt es la “conciencia”, es decir, darnos cuenta de cómo funcionamos, de cuál es nuestro piloto automático y de cómo es la máscara que nos ponemos para protegernos y mostrar una versión adaptada, socializada, “descafeinada” de nosotros mismos.

Un ejercicio muy sencillo de ampliación de conciencia es empezar a observar cómo es nuestra predisposición general hacia los demás, hacia las propuestas que nos llegan, nuevas oportunidades, retos, etc. Colocarte en el grupo de los “sí” o de los “no” te puede dar muchas pistas sobre tu forma de estar en la vida y de relacionarte con el mundo.

Pongamos una situación sencilla y concretas que te puede ayudar a ver de qué pie cojeas:

Un amigo te invita a una fiesta a su casa un día que ya tienes bastantes cosas que hacer. A cuál de las dos respuestas te acercarías más:

  • Uy no, tengo muchas cosa que hacer, no puedo.
  • Oh si, me encantaría, tengo un montón de cosas que hacer pero me lo intento montar.

 

Ejercicio si eres del “no”

Si tu respuesta automática es “Uy no…” podría ser que tu comportamiento compulsivo es levantar la defensa, escudándote tras unos planes determinados como si no hubiese posibilidad de cambio.

Y si antes de responder, te planteases por un momento: ¿Me apetecería ir a la fiesta de mi amigo? ¿Qué puede pasar si voy a la fiesta? ¿Qué puedo ganar y qué puedo perder? ¿Tal vez disfrutaría un tiempo de relax y de conocer a gente? ¿O es que es precisamente el verme con gente lo que me tira atrás?

Tal vez te lo planteas y te lo dejas sentir y llegas a la conclusión de que en este momento estás muy cansado y lo que necesitas es retirarte y estar solo. Ok, el “no” en este caso es una defensa con sentido.

O tal vez te das cuenta de que en realidad dices que no por pereza, porque no te sientes cómodo socializando en grupos grandes, porque te sientes perdido y te cuesta disfrutar de ese tipo de ocasiones. ¿Tal vez si pides un poco más de información a tu amigo sobre cómo va a ser la fiesta podrías hacerte una idea más clara de la situación? O tal vez te podrías plantear ir solo un ratito, ver cómo te sientes, y darte la oportunidad de que la experiencia te sorprenda.

 

Ejercicio si eres del “sí”

Cuando tu respuesta automática es “Oh sí…” podría ser que tu comportamiento compulsivo es lanzarte, aceptando la propuesta venga como venga, dispuesta a mover montañas para poder atender lo que viene de fuera.

Y si antes de confirmar tu asistencia paras un momento y te preguntas: ¿Qué necesito en estos momentos? Todos esos planes que tengo, ¿son cosas que necesito hacer? Ir a la fiesta, ¿supondrá dejar de hacer cosas importantes para mi? ¿O tal vez tendré que hacerlo todo con prisas, estresado, agobiado, y llegaré a la fiesta tan agotado que no tendré ni fuerzas para disfrutarla? ¿Qué es importante para mi en estos momentos?

Un sí automático muchas veces esconde el deseo de complacer al otro, de mostrar el lado más amable y positivo de uno mismo, aunque eso signifique desconectarse y renunciar a la propia necesidad.

Párate solo un momento, respira, déjate sentir tu cuerpo, ¿que necesitas TU en este momento? ¿Ir a una fiesta y socializar, o poder ocuparte de tus asuntos con calma, poniéndoles atención y la energía que requieren?

Y si a pesar de esto te planteas ir, pregúntate: ¿Quien necesita que vayas a la fiesta: tú o tu amigo? Qué te mueve ir a la fiesta: ¿necesitas desconectar y pasártelo bien un rato? ¿O te agobia decir que no ahora que ya has dicho que vas a ir?

 

Date permiso para ser más libre

Si haces esta pausa para reflexionar y dejarte sentir lo que tú necesitas, lo que haces es darte permiso para que todo sea posible, sin condicionamientos previos. Te abres la posibilidad de decir “si” o “ no” y, sobretodo, te das espacio para atender tu propia necesidad y ocuparte de que lo que haces en tu vida con tu tiempo y tu energía tenga un sentido para TI, no solamente para los demás.

Estos son solo unos ejemplos de lo que se puede esconder detrás de un “sí” o un “no” automático y obviamente puede haber tantas motivaciones como personas. El objetivo de este artículo es que empieces a poner atención a de qué pie cojeas, a cuál te sale de forma automática cuando alguien te pide o te propone algo, a cómo te organizas la vida… No hace falta que entres en largas argumentaciones contigo mismo de por qué dices si o no, simplemente que hagas un repaso a qué suele ser lo más frecuente en tu vida.

Planteártelo y cuestionarte esa respuesta automática te permitirá en primer lugar flexibilizar tu comportamiento siendo más libre en las decisiones que tomas. Y en segundo lugar, esas respuestas automáticas son un importante hilo del que tirar para ir descubriendo más sobre ti mismo, sobre cómo funcionas, descubrir tus pilotos automáticos y tomar conciencia de cuales son los aspectos de tu personalidad que necesitas aflojar y suavizar para poder tomar las riendas de tu vida y conseguir vivirla con más plenitud y sentido.

 

Foto de Santiago Garcia, usada con permiso del autor.

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2018-10-09T14:10:42+00:00

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